El obispo de San Justo, Eduardo García, describió la preocupante realidad que viven los barrios del partido de La Matanza, donde el narcotráfico se impone como un "narcoestado paralelo" debido a la falta de una presencia estatal efectiva.
García señaló que muchos jóvenes y niños caen en el consumo y la violencia por ignorancia y necesidad: “Cuando un chico de nueve años empieza a fumarse un porrito, lo hace por ignorancia”. Denunció que “el Estado llega tarde” y subrayó que esta ausencia permite que el narcotráfico se anide y crezca en territorios vulnerables.
El obispo expresó que el problema radica en la carencia de prevención y acompañamiento desde temprana edad: “Ese chico debería estar en una salita de tres años y su madre controlada por programas sociales, pero ¿dónde está el Estado antes?”. Remarcó que la respuesta estatal suele ser sólo reactiva y burocrática, dejando a la comunidad y a la Iglesia como pilares fundamentales para asistir a las familias.
En ese sentido, destacó el rol comprometido de los hogares de Cristo, que ofrecen recuperación integral para jóvenes con adicciones y acompañan a adultos vulnerables: “Tenemos ocho hogares para chicos con adicciones y otros espacios para ancianos, enfermos mentales y personas con discapacidad. Mañana inauguraremos un espacio para adultos con situaciones especiales, porque falta esta respuesta en La Matanza”.
La transformación lograda en la comunidad se debe, según García, a la organización barrial y al compromiso de algunos curas, quienes impulsaron acciones junto a programas estatales: “Cambiaron las cosas porque la comunidad se las puso al hombro”.
Durante la pandemia, la complejidad social se profundizó: “No se puede pedir que nos quedemos en casa cuando la casa puede ser más peligrosa que la calle. Por eso se crearon comedores y múltiples acciones solidarias. Actualmente, contamos con tres colegios cuota cero y un profesorado en marcha, el Papa Francisco”.
El obispo denunció que el narcotráfico se ha instalado como punto de referencia para miles de jóvenes que, pese a no querer formar parte, encuentran en la falta de políticas públicas alternativas y acceso a servicios una tentación constante. “Frente a una internación o la falta de obra social, está el narcotráfico”.
El trabajo de la Iglesia apuesta por la reinserción vital de los afectados, con panaderías y frigoríficos que ofrecen no solo sustento, sino también dignidad y trabajo: “No queremos reemplazar una adicción por otra con pastillas, sino recuperar vidas”.
También alertó sobre la estigmatización que sufren las personas en esta situación, producto de la ausencia del Estado y la falta de mirada integral: “Faltan condiciones para entender las historias de dolor detrás de cada caso”.
Para construir alternativas, García promueve las “tres C”: colegio, club y capilla, espacios que generan vínculos y valores que contrapesan las otras “tres C”: calle, cárcel y cementerio.
Además, advirtió sobre la precarización laboral y la creciente dificultad económica en la educación: “Se observa una migración hacia colegios de menor costo y un aumento en la morosidad”.
Con un mensaje esperanzador, valoró el crecimiento en la inscripción juvenil para carreras docentes y de salud: “El año pasado 800 alumnos de un barrio estigmatizado pidieron vacante para profesorado en Educación Física, Enfermería y Enseñanza Primaria; eso es una gran alegría y muestra el deseo de superación”.







